Hace dos años, volviendo a casa de trabajar, encontré una Kawasaki KLX250S de 2007 con síntomas de haber estado parada durante mucho tiempo. Estaba en medio de una propiedad privada, a la intemperie y desprotegida de las inclemencias meteorológicas.
La batería funcionaba y el motor sonaba de maravilla. El propietario me dijo que nunca había tenido una avería gorda, así que después de proponerle una oferta compartir una conversación muy agradable, me la llevé a casa.


Haciendo honor a mi poca técnica combinada con mi espíritu aventurero, me la pegué a lo grande destrozando la maneta del freno y la llanta delantera.
Así mismo, acabé perdiendo el tornillo del ralentí y encontré varias fugas en el circuito del líquido de frenos que ahora entiendo por qué frenar era una odisea 😁.




Desde el tornillo más pequeño hasta la mejora completa del motor, voy a dar a Lemon, Lime & Bitters un lavado de cara para que podamos volver a disfrutar de las rutas por el barro, su hábitat natural, cuanto antes.
Poco a poco iré actualizando el contenido del proceso de restauración. ¡No os lo perdáis! ☺️
